¿Cómo funciona el negocio de la muerte?

El negocio de la muerte

Como uno de los mayores tabúes de la sociedad por sus implicaciones, el negocio de la muerte se ha transformado en algo que evitamos a toda costa.

Que morirse es gratis no lo duda nadie, y después de todo, es algo por lo que todos vamos a pasar como única certeza que tenemos en esta vida. La cuestión de todo esto es sobre el negocio que gira en torno a ello.

Hablar de estos temas se ha convertido en uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad, incluso por encima del sexo. Es algo que ha quedado relegado al Día de Difuntos, al momento de la muerte de un allegado o a una parodia de monstruos y brujas con la importación de Halloween. El miedo que nos provoca lo desconocido, el rechazo a lo que nos pueda pasar y el sentimiento que nos producen estas cuestiones nos han hecho huir. Causa de una involución que la sociedad ha tenido durante el último siglo, según Marta Sanmamed, autora del libro de turismo en cementerios Aquí Yace. Y que, además, ha afectado directamente a los niños, que enfrentan con bastante confusión en su edad adulta lo que se encontraron de pequeños.

Esta involución influye en un sector que se ha hecho cargo de lo que el resto no quería asumir, y que a fin de cuentas no deja de ser un negocio, que, por encima de todo, busca ser rentable.

La muerte tiene un precio

En España, entre 3.000 y 3.500 euros para ser exactos y eso si nos quedamos en los básico. Los costes, como de costumbre, aumentan dependiendo de la localización. No es lo mismo morirse en una ciudad que en un pueblo y, desde luego, las costumbres de estos tiempos no son las mismas. ¿Quién podría imaginarse en estos días que alguien contratase a una mujer para llorar a un muerto que no es el suyo? Las plañideras son cosas del pasado.

Un negocio controlado por esas temidas funerarias que, como comenta Jesús Pozo, director de la revista Adiós, ligada a Funespaña, “son el último eslabón de la cadena de la vida”. A ellos se les está encomendado el trabajo de enviar al comercial, porque no dejan de serlo, y atender las necesidades de la familia:

“Te conviertes en la extensión familiar del fallecido, porque la gente no sabe qué hacer cuando se muere alguien.”

Y es que en esto de la muerte hay mucho que tratar: transporte, si es necesario, catering, custodia de los restos, flores y ataúdes. Porque morirse no es irse y ya está, hay todo un mundo detrás de un hecho tan natural. Un sector de lujo con diamantes a partir de las cenizas del familiar por el módico precio de 32.000 euros, lápidas con grabados de oro o panteones que parecen obras de arte, todos personalizados. Según Patricia Oliveras, directora del Instituto Psicopedagógico Integral, utilizan el dolor para generar un beneficio “como un juego con lo sentimental”. Porque, ¿quién no iba a querer tener a su esposo cerca del “corazón” en un bonito colgante de diamantes?

El negocio funerario atiende a las modas, y en los últimos años a las cuestiones ecológicas, aunque sea más caroAunque la gran mayoría de las familias optan por el “paquete básico”, según Jesús, hay gente a la que no le importa echar el resto. Sobre todo atendiendo a las modas. “Si Lola Flores elige un féretro americano de 6.000 euros, muchos van detrás y hacen lo propio”. Porque es en los ataúdes donde está gran parte del beneficio.

Un sarcófago cuesta de media entre 600 y 1.000 euros, que es lo que se va a gastar la mayor parte de la gente: fabricado en España y con garantía de calidad. Si queremos uno ecológico, una reciente oferta de los fabricantes, de cartón y con las mismas características, nos subimos hasta los 2.000. Pero el margen de beneficio de las funerarias desciende, y en muchos casos no interesa ofrecerlo como opción.

¿Y qué pasa con China? Como negocio que es el sector funerario, ahí tenía que estar el imperio del low cost. Una media de 75 euros puestos en tienda, traídos desde la mismísima China, y vendidos al mismo precio que los de aquí. De nuevo, un margen de beneficio creciente para el servicio funerario. Y si no, siempre nos queda Alibaba, que siempre nos sirve a domicilio.

Y el negocio sigue…

Las costumbres cambian, y con ellas las tradiciones. Si antes teníamos pánico a ser incinerados ahora mismo las cosas están virando para este peculiar negocio de la muerte. 30% de incineraciones por un 70% de entierros en toda España, y, en algunos casos, el primero es el más numeroso.

Uno de los mayores negocios es la venta de terrenos en cementeriosY esto también cuenta amigos, porque enterrarse es caro dependiendo de donde quieras estar. Pero si te incineras y luego te empeñas en que te metan en una tumba, pues se sube de precio. Dentro de este sector existe un submundo que oferta los terrenos como si de pisos se tratase. Lo superficial alcanza su mayor exponente en esta situación. Por escalofriante que suene, Segunda Mano, Milanuncios, o incluso Fotocasa, ofertan terrenitos en las mejores zonas de cada cementerio. Con detalles sobre el acceso, iluminación y condiciones a 20.000 euros en el Cementerio de la Almudena o en cualquier otro Campo Santo que nos guste.

Todo esto con el objetivo de “descansar en paz”. Solo durante 99 años máximo, ojo. Como nos explica Jesús Pozo, salvo que exista un contrato de perpetuidad, lo cual es extraño, la tumba se “compra” por un tiempo determinado. “Dependiendo de las normativas, lo que haces adquirir una concesión administrativa del terreno; una vez se acaba te avisan por si quieres renovar”. Si los familiares no se hacen cargo del coste, pasas a un cenicero común. Triste ironía.

Los servicios especiales hay que pagarlos

Pese a lo que puedan decir las estadísticas, el sector funerario ha sufrido la crisis igual que otros sectores, pero sin registrar pérdidas. Como puede ser el caso de Funespaña, que, siendo una de las empresas más potentes de nuestro país, se ha mantenido a flote.

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Si bien es cierto que la gente se sigue muriendo en la misma proporción, de media 370.000 personas al año en España, los servicios que contratan no son por el mismo importe. El sector ha sufrido una subida del IVA al 21%, el volumen de flores que se contratan no es el mismo o que la gente ya no quiere entierros grandes ni costosos, optan por lo más barato. Porque, según comenta Marta Sanmamed, “ya no existe un compromiso con la memoria de la persona, sino con el gasto”. Pero lo más barato que sigue siendo caro, porque no deja de ser algo que opera 24 horas al día, 365 días al año.Eso sí, como comenta Jesús, “a la gente hay que pagarla”.

Para Patricia Oliveras gran parte del problema con la muerte reside en el trato comercial que ejercen las aseguradoras y las funerarias. Sin embargo, para Jesús, la formación que reciben los comerciales funerarios para mejorar su trato a las familias es continua. En su opinión, “es un negocio en el que hay que tener una sensibilidad especial, y para el que no vale cualquiera”. Razón por la cual muchas de las grandes empresas dedicadas al negocio funerario tienen una larga tradición familiar, y que en muchos casos se les ha acusado de monopolista.

Las aseguradoras y el cambio de generación

Ante la pregunta de por qué los seguros de decesos son tan populares entre las generaciones de nuestros abuelos, la respuesta es que estos empezaron a funcionar a partir de las consecuencias de la Guerra Civil española.

La contratación de un seguro de decesos es una tendencia a la bajaEs bastante común escuchar a nuestros antecesores decir que antes de casarse y tener un piso ya tenían asegurado su entierro y su tumba. El objetivo era no dejarle el muerto a la familia (literalmente), y con ellos evitar unos gastos que la economía de la época no era capaz de soportar. Y de esta situación se han ido sirviendo una consecución de firmas de seguros, Ocaso, Santa Lucía o Mapfre entre otras, para conformar una parte muy importante de sus millonarios imperios. En este momento, entre el 60 y el 70% de los vivos ya tiene asegurado su paso a la otra vida.

Con las nuevas generaciones, y como consecuencia de un sistema consumista bestial, las reglas del juego están cambiando. Ya no pensamos a largo plazo, ¿en qué cabeza cabe que alguien pague algo que no va a disfrutar? Algunos van más allá, y dejan su entierro en el aire con tal de no pagarlo varias veces a esas aseguradoras.

Funeral religioso, por si acaso…

A pesar de la tendencia al laicista de la sociedad española, las cosas de la muerte siguen siguen estando íntimamente ligadas a la religión. Además, hay que tener en cuenta la entrada de nuevas creencias, que suponen la importación de otras tradiciones funerarias.

Los funerales religiosos, aunque en descenso, siguen siendo los más numerososPara Jesús Pozo, los funerales laicos van escalando poco a poco en las estadísticas, pero siguen siendo bastante minoritarios. Algo más de un 30% en España, según las últimas estadísticas. Después de todo, en estas cuestiones “a la gente le entra mucho miedo y, por lo que pueda pasar después, siguen haciendo un funeral religioso”. Quizá muy influido por las costumbres familiares y, en casos de muerte natural, por la edad de los fallecidos.

En el caso de los musulmanes, ahora mismo la mayor parte de los residentes en España, algo menos de 2 millones, no están en una edad avanzada. Por está razón, el número de funerales aún no es muy elevado. Sin embargo, sí están reivindicando lugares en los cementerios, como el de La Almudena, para enterrar a sus familiares bajo sus costumbres; mirando a La Meca y siempre bajo tierra, entre otras. Aunque como comenta Jesús, “muchos de ellos optan por un traslado de vuelta a su país de origen”.

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