Demasiado grande para caer

Demasiado grande para caer

Enron, primer gran escándalo del Siglo XXI tiene ciertas semejanzas con Volkswagen.

A muchos les sonará Enron, una energética americana que, víctima de su propio escándalo, se condujo a sí misma a la extinción en apenas 8 años, pasando de 200.000 empleados a 40 en ese período y que, a través de ingeniería financiera, lagunas contables y creación de empresas para propósitos especiales, escondieron miles de millones de dólares en deudas de proyectos fallidos mientras que, aparentemente, la compañía daba beneficios.

Para hacernos una idea de la magnitud del engaño de Enron, en menos de un año, sus accionistas perdieron cerca de $11 mil millones de dólares cuando el precio de la acción de Enron, que se situaba en su máximo de 90 dólares a mediados del año 2000, cayó en picado hasta el dólar en noviembre de 2001.

Solo un mes después, el 2 de diciembre de 2001, Enron se declaró en bancarrota y el resto es historia. Si queréis profundizar en el tema, hay un documental muy famoso que retrata la caída de Enron y parte de la fórmula que utilizaron sus ejecutivos para tapar las pérdidas llamado Enron: The Smartest Guys in the Room y que podéis ver a continuación:

“From an accounting standpoint, this will be our easiest year ever. We’ve got 2001 in the bag.” – Rick Causey, ex-Enron CFO

Ya en el año 2000, a una compañía como Enron, que facturaba 111 mil millones de dólares, se le consideraba demasiado grande para caer, demasiado importante a nivel nacional -para los Estados Unidos- como para que los reguladores y accionistas no pudieran anticipar el pastel de la ocultación de las pérdidas.

En pocas palabras, Enron era Too Big to Fail y de hecho con su caída se llevó de la mano a Arthur Andersen, que era una de las firmas de auditoría más grandes del mundo, tras ser declarada culpable de destruir ilegalmente documentos pertinentes para la investigación de la SEC a Enron. Demasiado grande para fracasar, decían.

Ahora, en mitad del escándalo de Volkswagen, muchos están viendo en la compañía de automóviles alemana el reflejo europeo de Enron, con sus matices, eso sí, y fundado con otro tipo de engaño. David Bach, Senior Associate Dean del Executive MBA de la Yale School of Management ha compartido para el Financial Times, una comparación muy interesante en la que viene a decir que, por muy grande que sea Volkswagen, su engaño es mayor que el de Enron, y lo cierto es que, si uno se fija en los pasitos que dio Enron para desaparecer, Bach no va muy desencaminado a asegurar que se trata de un absoluto -aunque presunto- fraude con todas las de la ley, pero ocultando emisiones y no pérdidas contables.

Es espejo europeo de Enron

Eron fortuneLo más interesante, a mi entender, de todo lo que analiza Bach, y que paywall mediante invito a que le echéis un ojo, es que la magnitud del escándalo de VW es mayor que el de Enron básicamente porque afecta a dos barreras determinantes para asegurar la continuación. Básicamente, mientras que el escándalo de Enron es totalmente financiero y por tanto, su contagio está limitado al dinero de la entidad de crédito, accionistas, inversores y aseguradoras, en el caso de VW es mucho mayor, pues suma el problema financiero al impacto ecológico y a las posibles demandas de los afectados por las emisiones.

Y además, entramos en el problema del contagio a su casa matriz. Alemania, que vía la Unión Europea, ha fomentado el uso del diesel con políticas de fomento al sector, fabricantes, petroleras, y subvención directa en el punto de venta que han fomentado un crecimiento sin precedente de las matriculaciones del Diesel en los principales países europeos. Básicamente, la exposición al Diesel en Europa es tal que, si menos del 5 por ciento de los vehículos en los Estados Unidos utilizan esta tecnología, en Europa constituyen mucho más del 50 por ciento del total de fabricados y matriculados en mercado en Europa, gracias en gran parte a los incentivos de las diferentes administraciones tanto a nivel local como a nivel europeo:

Evolucion del diesel en europa

Con esto, la conexión de Volkswagen con diversas sectores de la economía alemana, claves incluso por el riesgo de contagio de Europa, suponen un riesgo y una exposición mucho mayor que el de Enron a principios de siglo. Y eso por parte del desgaste financiero al que los mercados le han castigado estos días. De hecho, si realizamos un paralelismo con Enron, Volkswagen puede estar condenada al fracaso pese a que la compañía no solo es financieramente solvente, también tiene parte de las tecnologías clave que convierten a sus vehículos en algunos de los mejores del mercado, algo que no tenía la energética americana.

Y todo ello, como bien apunta Bach, sin contar las multas y demandas a las que se enfrenta VW a corto plazo. Por un lado, las multas de los reguladores que solo EE.UU. se creen que alcanzarán lo más de 18 mil millones de dólares, y las demandas de los consumidores y de todos aquellos que se hayan podido ver afectados por las altas emisiones de sus vehículos.

Todo ello afecta a una característica principal que Enron no tenía: antigüedad. Volkswagen lleva 78 en el mercado y es una de las piezas claves de la economía alemana, cuya exposición al problema puede contagiar a otras industrias claves del sector, también alemanas y por exposición a riesgo financiero, a bancos alemanes que tiene parte de su capital invertido en estas compañías. Un batiburrillo de circunstancias que por sí solas solo generarían un tirón de orejas a la cuentas de los accionistas e inversores y en la cuenta de resultados.

Pero Volkswagen es demasiado grande para caer.

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