“Las discográficas quieren cargarse Spotify… desde dentro”, por @ottoreuss

Las discográficas quieren cargarse Spotify… desde dentro

¿Tienes una empresa y quieres arruinarte a la mayor brevedad posible? Fácil: haz que las discográficas entren en él.

A las discográficas de medio mundo no les gusta Spotify. Qué raro, ¿verdad? Con lo innovadoras y lo visionarias que han sido siempre ellas.

Que a las discográficas no les guste cualquier cosa que se aleje de su modelo caduco y de su actitud de ni-como-ni-dejo-comer no debería sorprender ya a nadie. Y tampoco sorprende en absoluto que a estas grandes compañías, que se creen con la exclusiva potestad de decidir sobre cualquier cosa que afecte a la industria musical, les dé por atacar a todo aquel que asome en su camino.

Historia de una extorsión infinita

Su última (y brillante, ¡qué duda cabe!) estrategia consiste en forzar a Spotify para que reduzca lo más posible las posibilidades de su versión gratuita. Según Digital Music News, las grandes majors están en el camino de convencer a la plataforma para que, a partir de 2016, los discos nuevos no estén disponibles para los usuarios gratuitos. O, como mucho, que estén 2 ó 3 canciones, no se vayan a saturar.

Pero, ¿crees que esta es la primera vez que las discográficas presionan a Spotify? Bueno, qué tontería, seguro que no lo crees, ¿verdad? Pues, efectivamente, esto ya había pasado antes.

Fue en marzo de este mismo año cuando, según Financial Times, la multinacional Universal Music ya se puso seria con Spotify y le dijo que oiga, que eso de ofrecer música gratis está muy bien, pero que así nadie se pasa a la versión premium y, en definitiva, así no hay quien gane dinero.

Las cuentan premium se doblan en apenas un año

Sin embargo, ya entonces había un problema. Y es que la queja de Universal Music podría ser medianamente entendible, incluso sensata, si no fuera porque… ¡Spotify había duplicado su número de cuentas de pago en menos de un año!

Hagamos un breve recorrido cronológico: el 21 de mayo de 2014, Spotify anunciaba su llegada a los 40 millones de usuarios, 10 de los cuales eran de pago (un 25%). Y apenas siete meses después, en enero de 2015, las cifras subían hasta un total de 60 millones de usuarios, 15 de los cuales eran de pago.

Las cifras no sólo eran positivas, sino también muy sintomáticas, ya que el número de usuarios con cuenta premium representaban el 25% del total. Es decir, que el número de usuarios de pago crecía al mismo nivel que el de los gratuitos. Además, ambos parámetros habían experimentado un crecimiento del 50% en apenas siete meses.

Pero la cosa aún podía mejorar más: en junio de este 2015, Spotify anunciaba su llegada a los 75 millones de usuarios, 20 de los cuales eran de pago. Y ojo, que aquí los usuarios premium ya representaban el 26,6%. En resumen, Spotify no sólo ha duplicado el número de cuentas de pago en un año, sino que además este número crece incluso por encima del de los usuarios gratuitos.

Unas cifras asombrosas y dignas de alabar, ¿verdad? Pues oye, se ve que no. Al menos a Universal le parecía poco.

Las discográficas están en el accionariado de Spotify

Sin embargo, lo más asombroso no es que a las discográficas no les guste que la gente consuma música gratis, ni que sean incapaces de ver el elogiable crecimiento de usuarios de pago. Lo tremendo de todo esto es algo que quizá ya sepas: que la mayoría de las grandes discográficas… ¡forman parte del accionariado de Spotify!

Efectivamente: Universal, Sony y Warner poseen nada menos que el 14,4% de las acciones de Spotify, una posición accionarial que no es mayoritaria, pero sí lo suficientemente ventajosa como para meter las narices y atreverse a cuestionar un modelo que, visto lo visto, está funcionando de manera visiblemente positiva (al menos en comparación con otros servicios) cuando es ejecutado por quien realmente sabe de esto: el equipo de Spotify.

Al final, parece que da igual que las discográficas tengan menos visión que una rata: siempre se resistirán a no llevar la voz cantante, aunque eso acabe desembocando en la ruina de una empresa de la que ellas mismas son accionistas.

Si yo fuera el CEO de Spotify (cosa que no soy, por suerte para todos), tendría claro lo que les diría a las discográficas: “Señores, hagan lo que mejor saben hacer: denme su dinero y circulen”.

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