Mi (mala) experiencia buscando una alternativa “económica” al Moto G

Mi (mala) experiencia buscando una alternativa “económica” al Moto G

He probado durante unas semanas el Vodafone Smart Ultra 6 como alternativa económica de operadora al Moto G 2015, y os cuento mi experiencia de uso con el terminal.

Desde que rompiera el mercado y nuestras expectativas en 2013, el Moto G ha sido el smartphone que todos hemos recomendado a nuestros familiares y amigos cuando nos preguntaban sobre qué teléfono relativamente económico comprar. En muchas ocasiones, no querían o podían desembolsar lo que el Moto G costaba otros años y este, donde su precio es mayor, pero de nuevo, mi recomendación siempre era que esperaran a tener el dinero, porque merecía la pena. Aun así, nunca he dejado de buscar teléfonos que pudieran competir en ciertos aspectos con el Moto G, y en cierto modo ese ha sido el Vodafone Smart Ultra 6.

El Vodafone Smart Ultra 6 no es más que el ZTE Blade S6 Plus renombrado para la operadora británica, y como la mayoría de móviles de operadora, al verlo en publicidad no enamora. Pero este Vodafone Smart Ultra 6 sí parecía ser un buen rival para el Moto G para aquellos usuarios, por algunos detalles que están en el Moto G pero que luego veremos que no comparten la esencia de ese y otros terminales. Como digo, leyendo sus especificaciones, el Vodafone Smart Ultra 6 llama la atención. Tenemos un panel de 5.5″ 1080p, Snapdragon 615, 2GB de RAM, 3000 mAh de batería, 16 GB de almacenamiento interno ampliables y una cámara de 13 MP. Lo mejor: a todo ello se une Android 5.0.2 Lollipop en su versión más pura, con alguna aplicación de Vodafone útil para pagos móviles que si no necesitamos podemos desinstalar. Pero al usarlo, la realidad es distinta a la teoría.

Un diseño genérico y plano que recuerda al del iPhone 6.

Un diseño genérico y plano que recuerda al del iPhone 6.

Toda la experiencia se mancha, para mí, por dos cosas. La primera es que pese a tener ese Android más o menos puro que tanto idolatramos, que en teoría nos libra del denostado lag, ahí está. Aparece. La experiencia a nivel de interfaz (no en tareas pesadas) es menos fluida que la de un Moto G 2015 o un Moto E 2015, y es ahí donde echas de menos la optimización de una gran compañía. Es algo muy personal, pero no me gusta no disfrutar de la experiencia con un terminal, cuando otros más baratos me han enseñado que puede ser buena. Al parecer, el Snapdragon 615 no tiene potencia suficiente para mover con soltura una interfaz y juegos a 1080p, pero otros con el mismo hardware como el bq Aquaris M5 o el Motorola Moto X Play van mucho mejor con el mismo hardware.

Las última prueba de que, especificaciones sin cuidado por el detalle, no sirven de nada

Lo segundo, y más grave, es que, pese a haber sido presentado en mayo, a día de hoy, tiene problemas con redes WiFi que afectan a un porcentaje altísimo de usuarios y que hace que gastar nuestra tarifa de datos si no estamos justo al lado del router sea nuestra única opción. En el momento en que nos separamos unos metros del router, y sobre todo cuando alguna pared se interpone entre nosotros y el router, la conexión se va, e incluso acercándonos de nuevo y activando y desactivando cuesta volver a conectar. Un detalle, que para mi uso (30 GB al mes por WiFi) y el de mucho gente, es, repito, muy grave.

La pantalla de 1080p es de lo más destacable del Vodafone Smart Ultra 6.

La pantalla de 1080p es de lo más destacable del Vodafone Smart Ultra 6.

En otros aspectos, como la pantalla o batería, si bien no destaca especialmente, no está mal. Se agradece tener 1080p en un terminal económico, y se agradecen los 3000 mAh, aunque no consigo más de 4 o 5 horas de pantalla según el uso. Después de un buen tiempo con él, sé que puede ser un terminal que la gente menos exigente acepte con gusto, pero podría estar mucho mejor optimizado, y sobre todo, podrían cuidarse mucho más ciertos detalles, como por ejemplo la cámara y su procesado, que con el mismo sensor de Sony, consigue unos resultados algo pobres para su capacidad en situaciones complejas.

La conclusión aunque clara, no tiene por qué ser extrapolable a otros modelos económicos alternativos, pero la realidad es que, el trato y mimo de las empresas con experiencia y atención al cliente, se paga.

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