Riaño, el #Jánovas que sí ocurrió

Riaño, el Jánovas que sí ocurrió

La emisión del programa de Salvados (La Sexta) sobre Jánovas ha dado a conocer la terrible historia detrás de este embalse fallido. En Riaño sucedió algo similar: intereses, amenazas, desahucios y finalmente el pantano. Una obra que dejó bajo el agua a nueve pueblos de la provincia de León.

Desde pequeña he oído una canción que empañaba los ojos de aquellos que la entonaban. “Canto a mi tierra pequeña, tierra que me vio nacer y aunque mi tierra no exista, yo la llevo aquí en mi ser“. Así empezaba una letra que reflejaba la historia de una tragedia. Como la narrada hoy en el programa Salvados (La Sexta) sobre el fallido embalse de Jánovas en Huesca. Una obra que dejó amenazas, movilizaciones, oscuros intereses y desahucios forzados en esta región aragonesa. Historias similares a las ocurridas con la construcción del pantano de Riaño en León que, sin embargo, sí fue terminada.

Las aguas de los ríos Esla y Yuso anegaron nueve pueblos situados a los pies de los Picos de Europa. Anciles, Éscaro, Huelde, Pedrosa del Rey, La Puerta, Riaño, Salio y parte de Burón y Vegacerneja yacen hoy bajo el embalse. Durante el verano, cuando el nivel del agua baja, todavía pueden observarse los restos de algunas casas e iglesias. Son los testigos fantasmagóricos de los recuerdos de más de 10.000 personas que tuvieron que abandonarlas el 31 de diciembre de 1987, fecha en la que se cerró la presa.

Un valle ahogado

El proyecto del pantano de Riaño nació en realidad a principios del siglo XX, con la elaboración del Plan General de riegos y pantanos de 1902. En aquel documento, tanto el río Esla como el valle eran considerados como “zonas topográficas e hidráulicas adecuadas”. La iniciativa constaba como “embalse de Remolina”, nombre que tomó de un pueblo cercano a Riaño, y que figuraría en la ley de Gasset de 1907 y en los planes posteriores de 1934. 61 años después de aquel primer esbozo, el Ministerio de Obras Públicas franquista incluyó a la comarca leonesa entre sus objetivos.El pantano de Riaño comenzó a construirse en 1966, aunque el proyecto data de principios del siglo

Así fue como empezó la construcción del pantano en 1966, presupuestada en 300 millones de pesetas de la época. La financiación, según relataba el escritor leonés Julio Llamazares en El País, no incluía el dinero para las expropaciones, que superaba los 1.600 millones de pesetas. Una ingente cantidad económica que se distribuía entre las 225.000 pesetas por cada tierra de regadío, 100.000 por las de monte, 24.000 pesetas por cada familia y 2.000 pesetas por persona. En la década de los sesenta, algunos de los habitantes de la zona decidieron marcharse a León o Palencia. Muchos otros se quedaron, confiando en que el embalse jamás se completaría, como ocurrió en Jánovas.

La muerte de Franco y la llegada de la democracia también trajeron consigo la finalización de la presa en 1976. Los convulsos tiempos políticos de la Transición, lejos de paralizar para siempre las obras, fueron solo un oasis en medio de la nada. El gobierno del PSOE decidió retomar los planes para el pantano de Riaño bajo la tutela de Javier Sáenz de Cosculluela, ministro de Obras Públicas y Urbanismo por aquel entonces. El político socialista llegó a describir en una intervención en el Congreso de los Diputados “la conveniencia, necesidad, justificación y urgencia” de la construcción de la presa y el posterior llenado del embalse. Todo ello, según Cosculluela, “desde el profundo respeto por los sentimientos de todos los afectados”.

Riaño

Recorte de la noticia de Diario de León sobre la demolición de Riaño, previa al llenado del embalse. Fuente: Ramiro Pinto

Riaño

Recorte de la noticia de Diario de León sobre la demolición de Riaño, previa al llenado del embalse. Fuente: Ramiro Pinto

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Mauricio Peña (La Crónica)

Sentimientos como los que se transmiten en la fotografía anterior. Vicente, cayado en mano, trataba de impedir el paso a la Guardia Civil que llegaba al pueblo a desalojarle. Las armas de este anciano de ochenta años eran sencillas: unas madreñas en los pies y un bastón de madera para evitar el desahucio. La imagen, tomada por Mauricio Peña (La Crónica), se convirtió en un símbolo de la lucha de un valle por sobrevivir. Pero no fue el único.Para terminar con las protestas, el gobierno decidió utilizar la fuerza de los explosivos y de las máquinas excavadoras y así derruir gran parte de los pueblos afectados

En los dieciocho meses de protestas que transcurrieron entre 1985 y el desalojo definitivo en 1987, muchos más nombres protagonizaron las manifestaciones. Como el de Simón Pardo (Mones), vecino de Riaño que se suicidó el 11 de julio de 1987. El hombre no soportó el acoso vivido, producto del agobio por trabajar en la empresa constructora de la presa y la obligación de abandonar la que había sido su casa durante toda la vida, y terminó disparándose en el vientre. La Guardia Civil, momentos después de conocer el fallecimiento de Pardo, siguió cargando con pelotas de goma contra los vecinos, mientras estos les increpaban con gritos de “¡asesinos!”

Para acabar con las protestas y agilizar la inauguración del pantano de Riaño, el gobierno decidió utilizar la fuerza de los explosivos y de las máquinas. De este modo derribaron y sepultaron muchas de las casas de los pueblos luego anegados por las aguas del Esla y el Yuso. Riaño fue el escenario de una auténtica batalla campal entre los antidisturbios y los habitantes de la zona, muchos de ellos de edades tan avanzadas como la de Vicente. La lucha se convirtió en una cuestión de orgullo y supervivencia de un valle que se resistía al ahogo y olvido que suponía el embalse.

Constancio, natural de Pedrosa del Rey, describía el derribo de la casa familiar utilizando la palabra “humillación”. “Yo estuve quince días llorando sin parar”, relataba el anciano que no pudo salvar ni las gafas de leer ante el derribo de las casas del pueblo por seis máquinas excavadoras. Toda una vida sepultada entre escombros. Algo parecido a lo sucedido en Jánovas, donde el vecino Toni Garcés le preguntaba a Évole: “Si te echan para hacer un embalse, ¿por qué hay que dinamitar la casa?”

En León, la pintora Carmen Sopeña perdió un ojo y sufrió roturas en dos costillas como consecuencia de los golpes de los antidisturbios. Detenciones, derribos de viviendas, llantos, gente subiéndose a los tejados o escalando el muro de la presa y voladuras de iglesias. Son algunas de las imágenes de aquellos terribles días para la zona, en los que solo se salvaron construcciones como la iglesia de Pedrosa del Rey, que fue trasladada piedra a piedra hasta el nuevo Riaño, el pueblo edificado después del llenado del embalse. Las semanas y meses de protestas se transformarían posteriormente en canción para la nostalgia y la memoria de los que recuerdan la lucha contra el pantano de Riaño.

Llenas las sendas de ruido, buscando el olvido inician su marcha. Atrás quedan los recuerdos y los tiempos bellos, lejanos sin alba. Quedan casas destrozadas, árboles tronchados, desechos, sin ramas. Calles donde en otros tiempos jugaron los niños, hoy ya no son nada.

El lado oscuro del pantano

Tal y como sucedió en Jánovas, según contaban en Salvados, los intereses económicos sobrevolaron la construcción del embalse de Riaño. El diputado Ramón Tamames (Izquierda Unida) hacía referencia a la central nuclear de Lemóniz durante la sesión parlamentaria en la que Sáenz de Cosculluela defendió el proyecto. La paralización de esta obra afectaba directamente a Iberduero, motivo por el que algunos opinaron que el pantano de Riaño servía para “compensar” en cierta medida las pérdidas económicas tras la paralización de la central nuclear, extremo que Iberduero (hoy Iberdrola) negó. El propio Llamazares lo narraba de esta manera en una `entrevista en Babelia (El País):

El progreso es necesario pero hay muchas formas de enfocarlo, y en los países tercermundistas se hace a lo bruto. Es muy posible que hoy las comisiones de medio ambiente impidieran la construcción del de Riaño. Mucha gente no sabe que ese pantano fue la contraprestación que Iberdrola exigió al Gobierno de Felipe González a cambio de cerrar la central nuclear de Lemóniz cuando ETA mató al ingeniero Ryan y la cosa se puso muy grave.

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LFRabanedo | Shutterstock

La producción hidroeléctrica, iniciada en 1991, fue desarrollada en un principio por la empresa cántabra Viesgo, filial de la entonces pública Endesa. Con la progresiva privatización de la compañía a partir de 1988 y la compra de E.ON, la presa de Riaño terminó finalmente en manos de los fondos privados Macquaire y Wren House Infrastructure. Pero detrás del embalse, según Llamazares, no estaban los regadíos del sur de León, Valladolid y Palencia, sino más bien intereses oscuros como los recogidos por Salvados en el caso de Jánovas:

Riaño está en la cabecera del Esla, que es el río más caudaloso de la cuenca del Duero, es decir, el más caudaloso de España de los que no desembocan en el mar. No iban a regar el sur de la provincia de León, Valladolid y Palencia, que algo debe regar, el objetivo era garantizar el caudal para todas las presas que hay a lo largo del Duero, que son las que producen energía eléctrica. Se manipuló a la gente. Los más defraudados por Riaño eran los que más a favor habían estado: los presuntos regantes. Veinte años después no regaban.

Las sospechas se corroboran viendo los resultados del pantano. Ya en 1992, Josep Borrell hablaba de “despilfarro económico” refiriéndose a la presa de Riaño. El objetivo inicial de regar 83.000 hectáreas no se cumplía, según el ministro de Obras Públicas y Transportes, sucesor de Cosculluela. Tampoco lo ha hecho casi treinta años después, ya que según los expertos, el agua del embalse solo riega 32.000 hectáreas y produce una cantidad mínima de electricidad, teniendo en cuenta la inversión económica y el daño social producido. Por estos motivos, Riaño fue incluido en el Atlas Mundial de Justicia Ambiental, un trabajo coordinado desde la Universidad Autónoma de Barcelona para recopilar los mayores delitos ambientales de la historia.El embalse fue calificado como “despilfarro económico”, y ha sido incluido entre los mayores delitos medioambientales de la historia

Casi tres décadas después de la finalización del pantano de Riaño, cabe preguntarse si obras como esta o la de Jánovas recopilada por Salvados tuvieron algún tipo de sentido. Hoy el valle de Riaño está prácticamente muerto. La construcción del embalse arrasó tierras para la agricultura y el ganado -principales actividades económicas de la zona-, y el pantano también terminó con algunos de los mejores cotos de pesca que poseía la provincia leonesa. Todo ello sin olvidar el trauma que supuso para las gentes de la comarca, que sufrieron en primera persona un proyecto que, lejos de cumplir sus objetivos, sigue levantando sospechas por los intereses económicos creados en torno a la presa. Intereses contra los que no pudieron luchar los habitantes de la zona, que se manifestaban con capilotes -flores típicas del valle- como símbolo de resistencia.

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Capilotes contra la presa de Riaño. Foto: Ana Isabel. Fuente: El Palillo Leonés

Plataformas como Riaño Vive tratan de recuperar la memoria de una región anegada por el agua, tal y como ha hecho Jordi Évole esta noche con Jánovas. Una memoria hecha canción por los que aún recuerdan aquellos días con tristeza y rabia.

Lanza tus penas al viento que escuche el lamento que quiebra tu voz. Deja que aquellos que un día forjaron tu ruina contemplen su error. Alguien quiso que murieras para que otras tierras bebieran tus aguas. Arrasaron tus praderas sin mirar siquiera que tú protestabas. Nadie escuchaba tus quejas, quisieron callarte con falsas palabras. Pero tu sangre, Riaño, corre por tus venas y tú no te callas.

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